A Carón Psicología
Cargando...
Eliminar precarga

Blog. Adolescencia interrumpida

La adolescencia es la etapa del desarrollo evolutivo en la que la interacción con el grupo de iguales alcanza su máxima importancia. En ese intercambio construimos nuestra identidad, desarrollamos la capacidad crítica y definimos nuestro modo de ser y estar en el mundo. El proceso no acaba aquí, evoluciona y se transforma en el camino hacia la madurez y la edad adulta, pero en este período se nutre de ingredientes básicos.

Adolescencia y COVID-19

Son años de compartir vivencias, alegrías y tristezas en los encuentros cotidianos; de abrazarse y exaltar la amistad porque sí, porque es lo que toca. En esas estaba la juventud cuando, de repente, sobrevino una pandemia. Un virus invisible llegó, sin previo aviso, para cambiarlo todo.

Ya no se podían abrazar, ya no podían quedar, ya no podían ir al instituto… se impuso primero, un confinamiento en el que cada cual tuvo que quedarse en el hogar que le tocó, con sus particulares circunstancias; segundo, una desescalada cargada de incertidumbre que cada cual transitó como buenamente pudo y tercero, una vuelta (aún inconclusa), hacia una “normalidad” incierta.

Aparecieron urgencias apremiantes que acapararon la atención e interrumpieron el natural desarrollo de nuestra especie como individuos y como parte de un grupo. No es de extrañar que, en medio de este caos, el tránsito por la adolescencia se complicara todavía más.

Repercusión en las consultas de Psicología

Sin pretensión alguna de patologizar respuestas extraordinarias a circunstancias extraordinarias, lo cierto es que, tras un año desde el inicio de la pandemia, a nuestro gabinete acuden cada vez más adolescentes (más chicas que chicos, por cierto) no por miedo al virus o al contagio, si no por consultas relacionadas con aspectos emocionales, comportamentales y de pérdida de horizontes. 

Observamos irritabilidad, agresividad, apatía, intranquilidad, crisis de ansiedad, emociones a flor de piel, dificultades de concentración, insomnio, sintomatología depresiva, pérdida de confianza y seguridad, incapacidad para desarrollar actividades cotidianas y participar en actividades gratificantes, absentismo escolar, abuso de pantallas, distanciamiento social, incertidumbre y desasosiego. También advertimos un incremento de ideación suicida y de autolesiones (cortes, arañazos, ingesta de tóxicos, etc.) como forma de expresar y poner freno a un malestar que, en ocasiones, refieren insoportable.

¿Qué podemos hacer?

La juventud nos necesita como referentes, como acompañantes y como guías. Nos toca hacer un esfuerzo de comprensión y empatía para reconducirles al lugar que les corresponde ocupar: la adolescencia en toda su expresión.

Sabemos que no es fácil, por eso os animamos a que acudáis a profesionales que os proporcionen recursos que sumar a los propios, en aquellos casos en los que la situación se torne especialmente complicada.

No es tiempo de heroicidades ni de esfuerzos sobrehumanos. Es tiempo de aunar voluntades y redistribuir tareas para que, más pronto que tarde, nos encontremos en un estado de cosas satisfactorio, cuando menos aceptable y, no menos importante, que la juventud vuelva a alborotar(nos) la existencia con sus “chiquilladas”. Señal, sin duda, de que habremos hecho un buen trabajo.

En un segundo post sobre este tema, proporcionaremos algunos datos que den cuenta de la situación ante la que nos encontramos y ofreceremos algunas pautas que consideramos útiles para quienes conviven con adolescentes.


Deja tu comentario

Los campos con * son obligatorios